Diario 32. Las cosas que he visto y he pensado en estos días: Naufragio
enero 8, 2012
La sensación de que todos estamos siempre sumergidos. Algunos asoman la cabeza a la superficie con insistencia, para aparentar que están siempre a flote. Otros se resisten a esa condición de ahogados y rara vez agitan los brazos o salen a tomar una bocanada de aire o flamear una bandera.
─═ ☆ ═─
Un pez que escupe la carnada y muere de hambre, y de libertad.
─═ ☆ ═─
Un niño que dice: «mira, un cometa». Una niña que eleva la mirada buscando el cometa. Intervalo de comprobación: ¿la realidad o la imaginación? Gana la realidad. La niña no ve el cometa. El niño escapa, riendo.
─═ ☆ ═─
Está la equivocación de corregir un error cometido en una persona distinta a la agraviada. Esto conlleva a un nuevo error que tendrá que ser subsanado en una tercera persona, y así sucesivamente.
─═ ☆ ═─
En un establecimiento público el dueño discutía con su empleada, a la que acababa de despedir.
—Lo que has hecho no sólo me afecta a mí sino también a mi negocio.
—Pero usted no quiere decirme qué es eso tan grave que hice.
—¿Todavía cuestionas? Apenas me pongo de espaldas, traicionas mi negocio.
—No le estoy pidiendo que no me despida, sólo quiero una explicación.
—Lo que tú no sabes es que de espaldas veo el doble, porque mando a ver.
Era una discusión absurda que no observé directamente. Hubiera podido hacerlo: ver los rictus de ofuscación de la joven y la ira estampada en el rostro de ese hombre. Pero preferí sólo escuchar, de espaldas.
─═ ☆ ═─
Desde la inocencia también se puede ser remedo —puro— de la malicia.
─═ ☆ ═─
Un capitán debería reconocer cuando el destino de su navío es naufragar. Identificar el instante preciso en que el hundimiento comienza y no hacer intentos contrarios. A partir de entonces, cualquier maniobra tendría que ser sólo en favor del naufragio.
─═ ☆ ═─
Dije —siempre—: haz lo que quieras
y deseé que se hiciera mi voluntad.
─═ ☆ ═─
Casi las 2 p.m. Por la ventana, veo a un perro, mediano, lanudo, de esos que causan más ternura que miedo, arremeter contra las palomas que pasean por la arena. El perro toma viada e invade el terreno de las aves, ellas alzan vuelo, bajito, casi al ras, sólo para esquivarlo. El perro vuelve con más impulso y se arrellana contra el conjunto que esta vez se eleva más alto. Es una farsa. El perro no es tan malvado como para trozarles las alas. Sin embargo, ellas escapan, simulando pánico. Le siguen el juego para no ser atrapadas por el aburrimiento.
─═ ☆ ═─
Tengo espigas en una esquina de la sala: la falsa es la más llamativa.
─═ ☆ ═─
A veces la proximidad es la señal de la más insalvable lejanía: extendemos los brazos para tocar eso que al fin está frente a nosotros y la imagen desaparece. Espejismos.
─═ ☆ ═─
Dejar que el búfalo (pensar mejor en la estirpe) retorne a la manada y acampe, feliz, con los de su especie. Desistir de seguir arreándolo hacia el estanque de los cisnes.
─═ ☆ ═─
Por la noche: pasar por la sección de pescados y mariscos en el supermercado, como quien asiste a una exposición de arte abstracto: intentando hallarles excelsos significados a las formas inertes.
─═ ☆ ═─
Un niño muy pequeño y una anciana ya muy mayor. Ambos van cogidos de las manos, distraídos, vacilantes. Difícil saber quién guía a quién: él es todavía trémulo por lo prematuro de su tiempo; ella también, por lo sobregirado de sus años. Sólo el bastón parece realmente firme y más decidido mientras cruzan la pista.
─═ ☆ ═─
El peligro de la palabra que habla sin permiso, y me ofrenda.
─═ ☆ ═─
Este mi volver constante
no para ser
sino para recoger lo que he sido.
[apuntes dispersos del 2011]