Ángel exiliado
Diciembre 8, 2009
Por sus facciones delineadas circula —sin más semáforo que sus ojos— el gesto de un niño atragantado con su última travesura. Tiene la catadura de un espíritu celeste, exiliado por su enojo repentino, pero ángel al fin. Sus cabellos ensortijados de brillos azabache se prolongan calmos e insolentes y emprenden galope cuando todo él se contonea cual lagarto enfurecido. Extiende los brazos a los lados y —si no decide camuflarse debajo de sus hombros— hace equilibrio con ellos, mientras inicia alguna extraña ascensión hacia no sé donde y con no sé quien. Su mirada divagante se contrae temerosa como si percibiera el peligro, por eso los lentes oscuros. Lanza un grito y ya tiene el torso descubierto. Se sabe Dios cuando sus muslos elípticos, tapizados con cuero, caminan en do mayor y zigzaguean en tono grave. Tiene una matemática cuota de Jim presente y de Morrison perpetuo. —Mayo, 2005
Jim Morrison
Melbourne, 8 de diciembre de 1943 – París, 3 de julio de 1971
Mind games forever
Diciembre 8, 2009
Por la calle, al paso, somos cáscaras: simples envolturas de colores.
♠♠♠
04.56 a.m.
Desfase Greenwich
Las horas
se ajustan
en los relojes ajenos
a un tiempo que no me pertenece.
Esto tendría que llamarse tardanza
Pero he llegado primero
y aquí soy la única que espera.
♠♠♠
He visto a un anciano triste vender boletos de lotería. Los ofrecía con desesperanza, incapaz de retener para él la suerte de su talonario.
♠♠♠
Sábado. En casa.
Un pájaro en el alero de la ventana, quiere entrar pero no puede. Está el vidrio, pérfido y TRANSPARENTE.
♠♠♠
Busco una descripción exacta para definir a quien NO soy. La palabra que me ate a mí cuando insisto en IRME.
♠♠♠
El deseo que no atrae lo deseado es repulsión.
♠♠♠
No olvido que a los doce años anuncié con megáfonos por las calles, dos obras en las que actuaba casi de extra-muda (tampoco había protagonistas: todo ahí era una extraña homogeneidad de relevancias). En una de las puestas en escena —La cruzada de los niños— yo llevaba un casco recubierto con ramas sintéticas. Era un teatro experimental, donde los actores salíamos del escenario a un campo de batalla, que eran los pasillos, las butacas y los que desde ahí nos observaban (los enemigos). Esa era la ruptura. Tampoco había telón, la transformación de los personajes era a la vista de todos. En la vida real, las transformaciones son backstage y todos procuran no bajarse jamás del escenario, menos ser extras-mudos. Así que se oyen voces por todas partes.
♠♠♠
Las bisagras mudas
qué ocultan
a qué sombra
dejan pasar
sin anuncio.
♠♠♠
En una avenida, he visto a tres policías corriendo detrás de un grupo de hombres que acababan de cometer algún delito. Los delincuentes tenían una facha distintiva: pantalones cortos, camisas desabotonadas, zapatillas, gorros y cintas. Era como si pertenecieran a una banda empeñada en hacerse notar. Estaban dispersos y tenían un modo sui generis de escapar: unos llevaban ventaja y cumplían bien su desbocada tarea de huir, pero los que estaban rezagados corrían detrás de los policías como si intentaran sobrepasarlos para también ser atrapados o, al menos, ser perseguidos del modo correcto.
♠♠♠
Escribir sobre lo que no me ocurre: el momento exacto en el que dejo de ser. O escribir del vuelo observando fijamente un avión que jamás despega.
♠♠♠
En mi mente, de la nada: una mujer con piel de cáscara de plátano. De un amarillo brilloso con manchas pardas horizontales y salpicaduras. La mujer plátano. Debería pintarla.
♠♠♠
Tener lo que quiero por apropiación ilícita, siquiera una vez.
♠♠♠
Signos inequívocos de femineidad cazadora: mujeres que toman lecciones urgentes de cocina, repostería y decoración feng shui, con la finalidad inocultable de impresionar. Yo sólo quiero aprender mecatrónica, por lo pronto ya he aprendido a torcer alambres.
♠♠♠
Retomar el recuerdo en el punto del dolor significa ingresar al trayecto más escalofriante del olvido (que sigue siendo memoria, pero memoria que reemplaza).
♠♠♠
4:23 a.m.
Temo que todo lo escrito (por mí) hasta hoy sea descartable, he vuelto a leerme (en un cuento), y sentí violentas ganas de llegar a la última línea, pero no como el lector externo que ansía saber el final, sino como el más simple acto de bajar corriendo las escaleras hasta alcanzar la puerta de salida.
♠♠♠
Escapar de mí.
♠♠♠
¡Hay un lugar llamado: Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch!
♠♠♠
Despierto. Prendo el televisor y veo un anuncio: vacantes para 80 operarios de limpieza en servicios funerarios.
♠♠♠
2:56 a.m.
Urgencias
Todos andan buscando desesperados
el ascenso
vendedor de dulces /delira/ vendedor de péndulos
vaca /devenir/ jirafa y rumiar cuello a cielo
árbol milenario /transmigrar/ mesita de tocador
hombre musical /ascender / guitarra
ata
una cuerda
gira
la clavija
d e s a f i n a.
♠♠♠
Me gustaría no estar tan sujeta a tierra. Despertar un buen día, ponerme los zapatos, dar un primer paso, el siguiente, y comenzar a elevarme. No volar; pero, por lo menos, elevarme, un poquito. Una mañana, como hace años.
♠♠♠
Para conocer al hombre en su estado antediluviano, es un decir, hay que verlo cuando está herido: hasta dónde regresa en su dolor.
♠♠♠
Aprender, tercamente, como el soldado que ha sido dado de baja en combate e insiste en saber los pormenores del manejo de artillería pesada.
♠♠♠
Viernes. Por la mañana.
Iba camino al paradero y vi un papel pegado en un poste, lo firmaba una mujer y decía que buscaba “urgente” a un “pastor chileno”, estaba el nombre del buscado (no lo recuerdo) y la única seña adicional era que tenía esposa y tres hijos. Dejaba un número telefónico. Ese cartel endeble no era para mí, ¿pero cuánta probabilidad había que lo leyera, urgente, la persona correcta? En los días siguientes he caminado viendo con más detenimiento los carteles en los postes, las pintas en los muros, algún signo sobre las piedras, pensando en que quizá hay algún mensaje para mí que yo nunca hallaré a tiempo.
♠♠♠
A veces quiero callar: tener mucho que decir y sólo callar. Esto no es otra cosa que TRAGAR ESPADAS.
♠♠♠
—Pero, ¿realmente tiemblas?
—Me das vértigo.
La periferia
Noviembre 24, 2009
Haberte visto crecer, Pirandello. Cada mañana, arqueándote de lado a lado como espiga al viento; luego enderezándote, espiga Pirandello. No porque el viento cesara, sino porque un mal día se partió en dos y una mitad sopló fuerte en contra de la otra. Y tú al medio, pequeño Pirandello, siempre al medio. Quieto de viento. Tus cabellos flameantes hacia dentro. Preguntándome con los ojos por qué no hacía nada para detener esa alevosía que llegaba silbando desde las cordilleras, la rompiente de olas aéreas en tu cuerpo, la bravura de soplidos en tu cara. Yo sólo te miraba, quieta de mundo, pétrea de fango. Hubiera podido haberte tendido un brazo, una rama robusta, un bastón despegable, la pata de una silla, cualquier extensión salvadora; pero sólo te miraba como si lo que te estaba pasando fuera una etapa más de tu crecimiento, la germinación caótica del trigo, eso tenía que haber sido amado Pirandello. Tú eras demasiado joven para entenderlo. Por eso cuando el viento separatista se cansó de flagelarte los huesos, sacudiste con tristeza tu cuerpo entumecido y, en un descuido mío, te marchaste de este centro para no ser astilla, y olvidar.
—Lléveme a la periferia, por favor —rogué, más para desperezarme que para convencer.
—Sólo pasamos cerca, pero le indicaré dónde empalmar, ¿está bien? —negoció el conductor, un hombre macizo y somnoliento, intentando ser amable.
No importaba adónde me llevara esa máquina azul y móvil, sólo tenía que ser lejos y pronto. Antes de salir de casa, evadí los mapas y me aseguré de buscar en el diccionario el significado exacto de periferia. Me quedé con la tercera acepción: “espacio que rodea un núcleo cualquiera”. Eso tenía que hacer, correr a los bordes, salir del núcleo, del vórtice inclemente, si quería alcanzarte Pirandello, espiga tierna que huyó de los vientos. Y era así que viajaba de regreso a ti; regresaba, extraviada, adonde nunca había ido. En mi mente un inventario de fatigas, tu maniobra seca, las tupidas amapolas en el campo de la trilla, Joy Division y love will tears apart, un pasaje a Viena a las trece horas que ya nunca usaríamos, pájaros negros mordiendo semillas, el embrión de Dios a la vista, y, siempre, nuestros genes tristes en guardia. No sabía dónde estabas, Pirandello. Es verdad. No habías dejado más respuesta que esta ruta a propulsión, la balística de tu huída en mi cabeza. Y el viento, en rombos, riéndose todavía a carcajadas.
—Es aquí, puede quedarse aquí y empalmar —dijo el hombre de espaldas, mirándome por el retrovisor mientras frenaba en seco.
Bajé sin reprochar. El polvo era una masa espesa que impedía la visión. Imposible saber cuán lejos estaba de la periferia, y de ti. Cuando se hubo despejado, la tierra se cernía al vacío entre mis pies. Tenía que hallarte, Pirandello; a eso había venido.
1984
Noviembre 19, 2009
Un dolor elástico
nos recubre
como membranas verdes algas azules plateadas
y alguien está jalando
jalando
jalando
del otro lado de todos los lados
quiere que gritemos: b a s t a
pero no
y el dolor se estira
se estira
se estira
como rejas libertarias
cárcel mundo
cadena
umbilical
y no
todavía nos queda
(hablo de mí)
el terror de guardar un cielo bajo la manga.
Me he convertido en la que responde / la que sólo re-acciona.
♠♠♠
Adoptar al enemigo, cobijarlo, hacer que te cuente alguna fría mañana de su máximo amor. Sobre todo, preguntarle, en la más temeraria intimidad, cuál es su arma preferida. Se trata de minimizar el miedo a la sorpresa cuando decida tu final. Y, sobre todo, saber que hubo amado alguna vez. Que no todo en la empuñadura será odio.
♠♠♠
Caminaba de noche, registrando con indiferencia fragmentos minúsculos de historias complejas. Eso que se oye al pasar, una tos anónima, risas de niños, una bocina ronca, llantas chirriantes sobre el asfalto y motores alejándose. En una esquina escuché sólo aplausos durante unos siete segundos. El lugar tenía en la entrada un cartel gigante que gritaba: Libres para adorar. Era uno de esos sitios de alabanza, para creyentes de un dios milagroso y sanador. Pasar por un lugar justo en el momento que aplauden. Un paso, aplausos. Otro paso, aplausos. Giré hacia una calle concurrida y rumorosa. Una muchacha le decía a quien iba a su lado: quiero mi nueva camioneta ya. Lo decía de ese modo imperioso, posesivo y calmado. Como si al sólo proclamarlo tendría eso que anhelaba. El conjuro y la venia. Ellos desaparecieron, en realidad nunca los vi, sólo la escuché a ella. Su voz en primer plano; atrás los ruidos. Me fui pensando en qué podría pedir yo como se pide una cerveza, un manojo de apios, un kilo de nubes o un lapicero. Probé con decir: quiero MI fe intacta, mi alegría YA.
♠♠♠
Extrañas ganas de buscarme en el pasado, para tener alguna certeza de que existí. (Todavía no me encuentro).
♠♠♠
Tener un motivo, un gran motivo, el más grande de todos los motivos. Actuar en consecuencia. Detenerse. Examinar el motivo, mirar mejor. El motivo no era tal. Sólo un espejismo. Algo que parecía y no. Pero toda la vida en función a ese motivo. ¿Qué hacer? ¿Disfrazar el motivo? ¿Extirparlo, y seguir actuando en consecuencia? ¿SE PUEDE?
♠♠♠
El morbo es como una mosca posada sobre un cadáver putrefacto. Pero el insecto obedece a un impulso natural de alimentarse; el morbo sólo quiere llenarse de todo lo infecto y luego vomitar su saciedad (casi siempre sobre sí mismo).
♠♠♠
Completamos lo no vivido imaginándolo, la única destreza por la que trabajamos es que el gris de los sueños cobre colores naturales, intensos, vivos, reales. Permitir que la fantasía nos sobrepase.
♠♠♠
Marcharse, no dar explicaciones. Como cuando el agónico está a punto de, y se le recomienda no decir palabra, que no le digan. Sólo cuidar de su hálito. Una palabra de más, una mueca imprudente, un estremecimiento. Y todo acabaría. Entonces sólo marcharse en calma. Sin expirar de a pocos. Todavía con algo de vida enérgica pero reposada. Sólo marcharse. A una muerte segura, sin tratar de explicarla. Cuidando el hálito.
♠♠♠
Visita a papá. Ahora él es un código: 4-E21-1. Le llevo flores azules y escarchadas. En el pasillo siguiente hay una fiesta póstuma y todos los códigos tienen globos fucsia. Siempre hay algo que celebrar, a destiempo, con lágrimas, pero celebrar. Le digo pocas cosas, a papá, sólo le hago dar cuenta de que el 4-E22-2 es nuevo. Y que el 4-E21-4 está libre y reservado.
♠♠♠
Llueve, adentro, llueve.
♠♠♠
Conozco a alguien que hace casi todo lo que yo hubiera querido hacer, pero actúa en estado de inconsciencia. No se da cuenta.
♠♠♠
De noche. Vi a un chico que tenía la pierna, a la altura del peroné, sangrante; limpiaba el fluido rojo con un pañuelo floreado en plena calle sosteniéndose sobre el hombro de una muchacha. Al rato, ella lo besaba, no para consolarlo sino para absorber con urgencia su dolor. Lo sé por su cara de congoja después de separar sus labios de sus mejillas. Él había recuperado la sonrisa, ahora ella estaba herida.
♠♠♠
Jueves. Madrugada.
Miedo al tolueno, al butano, al tetraetilo de plomo, a los hidrocarburos alifáticos. Abro las ventanas, la puerta, mi antigua sede de los miedos, para que el aire los reemplace.
♠♠♠
EL GRUPO.- Me admiten en el grupo, y esto ocurre sólo porque han errado en la clasificación. Yo en realidad no pertenezco a ese grupo, a ningún grupo, yo nunca pertenezco. Pero no sé cómo decirles que están hermosamente equivocados. Que ahí dentro estaré muy sola de ellos, más sola que antes de ser admitida en el grupo.
♠♠♠
El vacío en mí.
♠♠♠
Martes. Noche. Pasaba por un parque de regreso a casa, y vi a una muchacha que llegaba a encontrarse con su amado. ¿Era su amado? Ella frente a él, ningún saludo físico, ni una palabra. Sólo se miraron como para comprobar que eran ellos, los mutuos esperantes. Luego, se echaron a andar, juntos, silenciosos, celosos de su pacto mudo. Ignorantes de mi accidental y callada vigilancia.
♠♠♠
Está el hartazgo de lo mucho, y está el hastío de lo poco. Ambos conducen al tedio insalvable.
♠♠♠
N. me habla de los archivos, de lo que hay que ir dejando en orden. Me habla de eso que nos salva, de no buscar sólo hallar. Yo sólo tengo desorden, no claves, no pistas. Lo mío confundido con el entorno, a la vista pero oculto en su caos. Sólo dejaré acertijos.
♠♠♠
Volver al lugar querido decidido a quedarte; con el transcurrir de las horas, sentirte un pasajero en el lugar querido. Respirar, persistente, el aire antiguo para volver a sentirlo tuyo. Ir a la plaza y saludar a los viejos conocidos sin que te reconozcan. Llenar la cantimplora de viajero con agua que recorre alguna fuente de ese lugar querido y beberla, con la avidez que el hombre invisible bebería la pócima para volver a ser evidente. A pesar de todo, ser sólo un espectro, un triste intruso (extruso). Alguien que regresó demasiado tarde. Partir del lugar querido hacia…
Cabalgata
Noviembre 3, 2009
Conozco las formas de la muerte
y la muerte
el signo
que agita sus cabellos abismales
conozco las capas misteriosas de la sonrisa
la sonrisa desnuda
y la sonrisa
estas palancas
que remueven huellas galopantes
hacia el sur
los caballos
reencarnados en cruces
los conozco
por eso espero.
Qué miedo
Octubre 31, 2009
Feliz día de la canción criolla, con The Guess Who.
Todavía pueden escapar.
Dessert
Octubre 28, 2009
Escribe
arroja lejos la palabra muerta
vamos
no te asustes
de lo que ya no te sacude
desanda
tambaleante
y habla
di que has tocado fondo
has tocado piedra
foso
eres tú emergiendo
como si nada
para cuidar la cocción de los postres.
Rock’n'roll robots
Octubre 28, 2009
Mientras tanto, ESTO: lo hice en estado de desesperación y contra el tiempo, como casi todo lo que hago. (Nótese el –extraño– romanticismo).

A Camerini lo (re)descubrí hace un par de años. A los diez, me hubiera gustado cantar con él: oh-oh-oooh rock’n'roll robot. Pero hubo una época, según recuerda el memorable Javier Lishner de El gusano eléctrico, en que yo era “la seguidora más oscura del rock”. (Y todavía, a veces).
Diario 15. Las cosas que he visto y he pensado en estos días: Las relaciones métricas del triángulo oblicuángulo
Octubre 20, 2009
Ganas de colocar un cartel: Cerrado por felicidad inadecuada (y repentina). No se moleste en regresar.
♠♠♠
En tu lucha contra mí, yo estaré —siempre— de tu parte.
♠♠♠
Miércoles. Por la tarde. Vi una hoja seca dejándose llevar por un viento leve; al lado, y entremezclándose, un grillo de patas larguísimas también se dejaba llevar. La hoja era un objeto muerto, desprendido de la matriz-árbol. El insecto, en cambio, estaba vivo; entonces, ¿qué lo hacía dejarse llevar?, ¿por qué no era capaz de sostenerse a tierra firme?, ¿de qué gran matriz se había desprendido?, ¿dónde estaba el orden natural que lo hiciera caminar-saltar y no rodar? A veces me detengo en esas absurdas contemplaciones, y siento que el viento resopla, denso, hasta volverme leve. Seguí caminando.
♠♠♠
Cada vez que hablo con G. de la adaptabilidad que no consigo, al final me dice a modo de cordial despedida: “sigue resistiendo”.
♠♠♠
Una muchacha a mi costado abrió un libro por las primeras páginas. De reojo, y con poca intención, alcancé a leer un título: la relación métrica del triángulo oblicuángulo. Yo nunca aprendí nada sobre el triángulo oblicuángulo. O no lo recuerdo. Pero viéndola pensé que quizá me equivoqué en mis elecciones. Que tal vez ella también estaba equivocada. Nunca tenemos todo el tiempo del mundo para rectificar equivocaciones y a veces sólo seguimos hasta donde nos lleve algún camino o hasta donde podamos llegar en ese camino. (Luego desaparecemos: abducidos por una fuerza superior que no alcanzamos a entender). Sonaba una canción de Nirvana, ella leía, y yo seguía pensando que quizá debí haber estudiado el intrincado tejido de leyes, no porque me gustara sino porque todos tenemos algo que defender: defender a alguien, defendernos de alguien. Pero, sobre todo, defendernos de nosotros mismos, de la multitud en contra que somos. ¿Cuál es la relación métrica del triángulo oblicuángulo? Smells like teen spirit… (I know I know a dirty word).
♠♠♠
No me gusta tanto Henry Miller, pero por estos días lo he leído. Una cosa me llevó a la otra. Convertido en un personaje de su novela, Miller escribió que en ocasiones se veía a sí mismo “estudiando los detalles minúsculos que sólo capta el ojo transtornado”. En eso consisten mis contemplaciones. O quizá sólo me fuerzo a hallar coincidencias, pero sólo sucede con los muertos.
♠♠♠
De tarde.
Muy mal. Náusea. Desvanecimiento. Temperatura fluctuante. (Lo extraño es que la noche anterior había soñado un estado calamitoso parecido).
♠♠♠
Lunes. He visto a una niña distinta, tendría no más de siete años y era muy lista. Iba en el regazo de su abuela; usaba lentes, como cualquier otra niña; era delgada, como cualquier otra niña. No flotaba. De ella, me llamó la atención sus inflexiones de voz. Susurraba a ratos. Quise pensar que tal vez era la dueña de los secretos y procuré escucharla.
—Abuela, hoy vi una función de magia donde las mentiras eran verdades.
—Por qué —le preguntaba la anciana de cabello cano y la voz quebrada, como cualquier otra anciana.
—Porque toda la trama era invisible.
—¿Y tú les creíste?
—Sí —decía la niña, casi lamentándose—, no tenía otra opción.
La ingenuidad le rehuía cuando comentaba que había besado a Salvador en la boca, pero que no se preocupara en contarle a su mamá porque ya todos en la escuela lo sabían. Que Nicolás estaba enamorado de ella y que se casarían de grandes pero antes vivirían juntos.
—Los niños no hablan esas cosas —se impacientaba la abuela, avergonzada.
—Entonces te cuento de las carreras con Lucy, ella siempre llega primero porque usa toda su velocidad.
—¿Y tú?
—Yo también, pero toda mi velocidad es la mitad de la velocidad que usa Lucy.
La miré. Me sonrió. Y se volvió de nuevo chiquita y tímida, jugando a las cosquillas con su abuela. Pero algo en ella era profundo y reflexivo, incluso en su juego.
—Si te ríes, pierdes.
Se bajaron del bus; la vi alejarse, caminaba dando saltitos, con los cabellos oscilantes sobre su espalda, como cualquier otra niña. No flotaba. (Me dieron ganas de reírme sola, para perder).
♠♠♠
Hay una rara estirpe de caníbales. El hombre que se alimenta del hombre, no de su carne, no de sus huesos, sino de su espíritu. Este hombre no clava sus dientes en el plexo solar, sólo asoma la boca y bebe la esencia aérea (sin que nadie lo señale por eso en la calle).
♠♠♠
Vi a un malabarista en un cruce de avenidas. Traía zancos, el cuerpo envuelto en retazos de colores y echaba botellas de madera al aire en arriesgadas piruetas. Lo hacía dentro de un concierto de bocinas mientras el semáforo detenía el tránsito. De fondo, se alzaba un paisaje de verdes mordiendo rabiosamente el cemento, más cerca una pileta con cascadas artificiales completaba su escenografía escogida con ojo de artista. Si la vida le diera una vuelta de tuerca a las carencias que lo lanzaban en volantines a las esquinas quizá sería un director de cine o de teatro. Era un chico que sabía elegir la locación perfecta para el gran acto. Al verlo, pensé que si mañana decidiera acabar con todo y suicidarse, sabría dónde y cómo.
♠♠♠
Un ojo avizor.
♠♠♠
Seguir buscando, a sabiendas de que lo buscado está irremisiblemente perdido o no existe: ¿tiene algún sentido? Entregarse, siempre, a la tarea inútil.
♠♠♠
El arte aprendido no es arte. La técnica es sólo técnica. Lo demás habita dentro, hay que ahogarse para alcanzarlo o aprender a respirar lo irrespirable. Nada tienen que ver el orden y la disciplina. Los ahogados no saben de eso.
♠♠♠
(Quiero formar figuritas con hilos en las manos)
♠♠♠
Soñé un campo de rosas, un campo excelso y salvaje. Atravesaba ese campo preguntándome por qué todo ahí era tan hermoso, tan intocado, tan divino. Quise arrancar un capullo con una violencia que no me conozco en la vigilia, pero me atrajo más un muro de manzanas. Las manzanas emergían con una tersura inexplicable de unas plantas rastreras. Y estaban ahí al alcance de quien las viera, si alguien más descubriese ese terreno paradisiacamente deshabitado. Pude tomar una pequeña, pero elegí la manzana más grande. Tenía el tamaño de una calabaza. Alguien que iba conmigo la desprendió para mí. Corrí con la manzana gigante en brazos, ebria de felicidad. El peso se hacía excesivamente liviano por mi alegría. El campo de rosas era una fiesta y yo danzaba con la manzana en brazos. De pronto me detuve. La duda me detuvo. ¿Podía ser tan hermosa y gratuita esa excepcional pieza roja? Un temor repentino me hizo soltarla. Al caer se partió, adentro una serpiente celeste descansaba enroscada. (Era el mismo reptil celeste que recuerdo haber soñado hace unos años). Me subí de un salto a una plataforma de tierra. Mi acompañante, a quien recuerdo sólo como una vaga silueta gris, examinaba la manzana deshecha y yo le advertía del peligro con una voz apagada pero enérgica. Aunque me sentía a salvo allá arriba, creía que el animal podía erguirse o saltar sobre mí o sobre él. Súbitamente, la floresta deshabitada comenzó a llenarse de pasos, de rumores, de hombres agazapados despabilándose rencorosos. Pronto formaron una ronda. Unos movían la cabeza en severa reprobación. Otro le advertía a un niño, mostrándonos como a un mal ejemplo: “hay que ser probos”. Desperté.
♠♠♠
No tengo la voluntad de los mercaderes. Y quizá ahora la deseo. Vendo. Vendo. Vendo.
♠♠♠
Sábado. 4:03 a.m. Aún no me he ido. Estoy en el silencio nocturno, pero afuera un ave de rapiña ha lanzado su extraño canto. (Qué importa el silencio interrumpido. Importa el ave. Antes eran los gatos).
♠♠♠
Me preguntaron: ¿a qué hora sueñas?
♠♠♠
Concluyo que el afán de autodestruirse consiste en un dantesco deseo de igualdad, matar lo demencialmente superior para ser uno más (uno igual).
Ja.
Octubre 16, 2009
Hace unos días, hallé esta canción en mi buzón electrónico; me la envió Eidos (el filósofo druida). Me reí de sus letritas. Y me sigo riendo (con tristeza).
Gracias.
Lala lala lá. Que alguien me dé. ¿Tú lo tienes?
Ultreia et suseia
Octubre 11, 2009
Hundo la mandíbula en el plato vacío
y no se escucha el ansia
la muerte no se escucha
llevo noches eternas durmiendo mi agonía
a cielo abierto
sin número de casa ni carnet de extranjera
pero vengo siempre a esta misma hora
al ritual de la despedida
y grito adiós todo lo que puedo
siento que no me he ido y adiós
y todavía estoy
me palpo en mis contornos
pellizco mi temperatura
hundo el mundo en mi alma
para ver si por lo menos y nada
el amor está tan sobregirado
que nunca se siente
ni cuando llovizna
asisto sola al banquete de los humildes
en mi lado de la mesa
yace el pan adormecido
remojándose en el áspero licor de los que olvidan
ya no siento
escondo mis alas de caminante en el paladar
quiero que todo sea terrenal
pero una galaxia equivocada danza
en el boquerón inflamado de mi alma
danza y hace estragos
y
ningún rezo me salva
ni
una canción me salva
mi fe triturada
sólo me alcanza para este reclamo:
señor, me duele tanto
ya no dolerme
volver a ser sólo perdón y espalda alerta.
Vacancia
Octubre 8, 2009
Dejo vacante mi no-sitio; autorizo que algo ocupe mi ausencia por tiempo indefinido: aconsejo un alfiler.
Santifica
Octubre 8, 2009
Resiste
hasta que la culpa se revierta en ti
purifícalos
hazlos dignos de ser vistos otra vez a los ojos
si hay cuchillos lanzados a la deriva
alcánzalos veloz en su desvío y húndelos en tu carne
con tus propias manos
ayúdalos
haz que cumplan su tarea divina
pon el cuerpo.
Mi noche
Octubre 6, 2009
La noche retorna y es alimento necesario, se cuaja en mi plato como veneno excesivamente vital. Imposible rechazarla. No ahora, en esta plenitud. Que amanezca para los otros (los tan amados).
desolación / ÉXODO
Septiembre 30, 2009
Conservo la maravillosa virtud
de convertir todo en desierto
donde habita
sólo
una muchedumbre:
jamás marché con ellos
no participé en su éxodo hasta aquí
donde sólo habito yo.
Diario 14. Las cosas que he visto y he pensado en estos días: Transfusión
Septiembre 27, 2009
Soñé estrellas fugaces en un cielo de noche. Eran tantas que se rozaban en su vertiginosa aparición-desaparición provocando un ruido de cuchillos afilándose. Corrí para ponerme a salvo: no sé si de las estrellas que amenazaban con aterrizar sobre mi cabeza o de todos los deseos que era capaz de pedir mientras todavía brillaban.
♠♠♠
Me someto a la honestidad absoluta para escribir. No quiero ser quien se lamenta a medio tiempo mientras todo lo demás marcha bien. Me he prohibido hablar del dolor o de la tristeza si mis días transcurren alegres y con bonanza. Me rehúso a describir el caos inexistente, el vértigo que no siento. Mi escritura se ha vuelto casi un compromiso físico, que me está destruyendo: desde el alma.
♠♠♠
Todavía nos sorprende la muerte, a pesar de ser el único sello de garantía con el que nacemos.
♠♠♠
Quisiera estar al pendiente de todo lo que me rodea. A veces encuentro, con tardanza, que me repito en algo o en alguien. Y siento vergüenza en retrospectiva.
♠♠♠
Que nadie crea que vuelvo a comenzar. No seré yo: después del fin, las sombras se encargan.
♠♠♠
Ir a un lugar a lomo de bestia.
♠♠♠
Tengo necesidad de decirle a alguien, a quien sea: “Búscame bajo tierra”. Pero todavía le temo a su incondicional obediencia.
♠♠♠
No ir.
♠♠♠
Guardo lo malo dentro: dejo que se fosilice. Como si fuera un asunto para historiadores y antropólogos futuros.
♠♠♠
Sólo quien ha gobernado conoce la obediencia absoluta, y se somete: hasta convertirse en el súbdito ideal.
♠♠♠
Mi mal es mi único bien.
♠♠♠
Un filósofo moderno me ha dicho que le hubiera gustado ser un druida, para entregarse al vino y al goce con la aprobación de los dioses.
♠♠♠
Yo pienso, eso es lo grave.
♠♠♠
Al borde de la carretera, sobre un terreno empinado, vi a un hombre bajar frenando sus pasos y, al mismo tiempo, a otro subir con mucho esfuerzo. Esa escena me hizo pensar que no siempre usamos la misma energía, sino que la dosificamos circunstancialmente: a veces sólo hay que dejarnos llevar y otras tirar hacia arriba con el último aliento. En todo caso, hacia abajo sólo hay que deslizarse; el único —superior— esfuerzo que haremos será para sostener el paso y no caer de bruces.
♠♠♠
Freno mis pasos.
♠♠♠
Le he preguntado a alguien por escrito: pero, ¿realmente tiemblas?
[Quiero que sea con dulces y no con piedras]
Transeúntes
Septiembre 19, 2009
Calle arriba va
la que da vida y se muere
la reconozco por su sombra en el muro:
un niño con el brazo a medio alzar
ninguna mano lo lleva.
Se adelanta el descalzo
camina al ras
el ancla subterránea se sujeta a sus tobillos
cualquier paso será siempre hacia el fondo
donde la luz empuja la corteza del espanto para nacer.
Aquí están los invisibles que pasean su transparencia. Puedo verlos.
Están los que ensayan su muerte
arrojándose en las rotundas esquinas del tiempo
como quien avienta risas anhelantes
al pozo de los deseos.
Por aquí pasan los locos que han sido dados de alta.
Yo me voy con ellos calle abajo.
La mañana se ensambla del más puro hastío.
¿Dónde está la casa del retorno?
¿En qué mesa está servido el desayuno?
Sólo una bóveda celeste atravesada
anuncia la primavera definitiva.
Yo descanso.
Ya no quiero la verdad. Ni el pan
no hay manera.
A mi diestra
un hombre llama al extraviado
le dice la forma segura de llegar hasta el pantano:
si aún así no llegaras
puedo acompañarte
tengo tiempo mañana.
También quiero preguntarle por el pantano. Pero sé de un atajo.
Y me arrojo en las esquinas.
Elevo el brazo
no hallo la mano
mis pasos se van hacia el fondo.
Una luz estruendosa me reemplaza.
Comienzo a nacer.
El amor me es adverso
y todo es insoportablemente anterior.
Nadie
Septiembre 16, 2009
Contemplar una margarita marchitándose apoyada sobre un parlante deluxe que escupe un viejo rock and roll. Y decirme, sin piedad, soy nadie. Colocar mi mano izquierda sobre el rostro como un tapaboca y repetir, con descontrolada devoción, soy nadie. Escribir diez veces la misma frase en un papel stanford arrugado. Romperlo. Subir el volumen a decibeles alarmantes. Masticar mis cabellos rojizos. Extrañar la corporeidad de la frase. Recoger los trocitos esparcidos y pegarlos con un gel taiwanés. Leer diez veces: soy nadie. En voz alta y con una sola succión de aire. Callar. Quedarme con el eco de soynadiesoynadiesoynadie retumbando más fuerte que el rock and roll. Beber un sorbo de agua fría, empujar en vano mis dientes cárcel con mi lengua presa. Adorar la cadencia de esa frase rota. Morderme la lengua. Cruzar mis manos tapabocas. Llenar mi mente vacía de soy nadie. Abrazar mis rodillas y marchitarme sobre el parlante.
